Llega la noche y las calles se vacían. No hay más autos, ni gente, nada. Entonces salimos. Salimos a caminar, a recordar, a olvidar; en realidad no importa. Salimos a vernos.
Buscamos un lugar, en algún lado, en el que pasar la noche. Que no esté tan vacío, tan solo. La noche empieza a dar vueltas, cobramos vida, la consumimos. Clavados en un rincón de la ciudad, atravesamos la oscuridad para ver llegar al amanecer.
Es que en realidad, por mucho que queramos que no se termine, por mucho que creamos que nos encontramos para estar más vivos, la realidad sale a la luz: a la noche, entre el frío y la oscuridad, nadie quiere estar solo. Salimos para esperar que el día empiece de nuevo. Y comprobar que, efectivamente, lo hace.
Recién después podemos dormir.
Los Desvelados.
siiiiiiiiii (Y)
ResponderEliminaragostina